Ella tuvo la certeza de encontrarse en el lugar correcto y acompañada con la persona correspondiente. Tal vez no eran los mejores amigos, ta vez no se conocían hace tanto, pero eso no fue un impedimento que se complementasen en su aventura, sólo bastaba un vistazo para darse cuenta de toda la complicidad existente en ellos y sus miradas, juntos podían hacer sin decir, juntos podían transformar sencilleces reales en perfectos sueños vividos.
Iban por las calles con un compás sutil y libre, un compás muy propio de ellos, un compás con el cual dejaban como rastro de sus huellas, huellas de confianza y seguridad. Posiblemente, si fuesen otras personas y se hubiesen visto, no habrían logrado reconocerse, no eran más que extraños...sólo que estos, no eran más que unos felices extraños. Se sentían naturales, eran ellos mismos, seres incapaces de mentir a su propia conciencia.
Esto no era otra imagen cursi de esos románticos empedernidos, era más bien el momento de darse oportunidades para sentir y vivir lo que sin querer, posiblemente todos hemos anhelado.
Todo quedaba plasmado en el desmedido deseo de olvidar por un tiempo al cruel mundo y sus desdichas, quedaban plasmados sentimientos de amor puro, sin matiz alguna de superficialidad,
con la sensación de que el cielo ya dejo de ser gris y es más bien de un claro, profundo y sincero color, tal como lo eran los suspiros dejados es su oídos, llenándolos de música.
Con el pasar del tiempo todo se deterioró, el desentendimiento tocó a sus puertas y ellos ingenuos la abrieron sólo dando así, paso a una abrupta ruptura, pero de todos modos se veía venir.
La desesperanza de sus corazones no sólo permitió abrir nuevas llagas en sus desahuciadas almas, sino que también permitieron que el resto de viejas cicatrices se abrieran.
Ningún otro fue como el último, nadie llegaba a ser tan buen cómplice, nadie tomo su lugar de cómplice perfecto, todas las búsquedas fueron completamente en vano.
Por otro lado, la vida entera cambio de su dulce y agradable sabor a una agria amargura.
"Es hora de intentar crecer sin ayuda de un anesteciante contra los dolores de la vida" se decía una y otra vez mentalmente mientras tomaba aquella antigua caja en que guardaba sus recuerdos, guardó nuevamente a aquellos reales y lloro a los que deseaba olvidar.
Sus lágrimas no fueron suficientes para aliviar el dolor, así que termino plasmando sus sentimiento en un papel que luego haría llegar a SU desconocido, ese desconocido que la hizo feliz, que la hizo ignorante al mundo pero inteligente al corazón. En aquella carta jamás expresó una excusa, mas bien sólo describió detalladamente lo que en el pasado junto a el sintió, todo aquello que jamás le contó por miedo a no ser correspondida, para el final, no pide una segunda oportunidad, más bien sólo un último paseo, un paseo con el cual deseaba encontrar una verdad, una fantasía, una realidad, una esperanza o una vil mentira. sumisa y asustadiza, no le quedo más que esperar la respuesta.
El al llegar, se aferra a una de sus manos y comienza a caminar, las palabras no aparecieron, pero a cambio de esas, sólo ve veían como echaban vistazos entre uno y otro, tímidas miradas que hacían que sus manos con mayor fuerza se aferraran.
Tanto fue lo caminado que la noción del tiempo se perdió en el espacio dejando cansancio en aquella dolorida pareja.
Aun de pie, se detuvieron a descansar un tiempo mínimo, y mientras este transcurría, sus miradas se posan en la otra por un infinito momento, y mientras esto ocurría, ambos pudieron observar que sus miradas ya no eran las mismas, pudieron observar que ya no eran el par de jóvenes animosos y con esto comprobaron que el tiempo no pasó jamás en vano.
Pero de algo si estaban seguros, sus ojos cómplices no habían cambiado para nada, hecho que no hizo más que traer una risotada espontanea y sincera, posiblemente la primera después de muchos meses.
Jamás comprendieron de que reían, pero se sentían felices y era lo importante es que por fin se dieron cuenta que manteniendo una actitud jovial e infantil, lograban comprenderse.
Hasta que llego el tan ansiado diálogo...
"Te estuve esperando"- confiesa el extraño
"Yo...yo te estuve olvidando..."- respondió con ojos tristes pero sin apartarlo de SU extraño, quien también obtuvo un semblante similar, y aquella apenada extraña, en su confundido interior sólo logra maldecir el no poder callar sus pensamientos.
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Idea Original: J.F.R.S. , te quiero, y ten por seguro que si quedas paralítica, yo estaré ahí para sujetar uno de los cuatro mangos de tu camilla.
