Pecaminoso Escudo

Si hay algo de lo que estoy segura que no me deja ni dejará alcanzar la perfección son los pecados, pero no cualquier pecado, más bien hablo de los capitales...no deseo interiorizar en que he hecho, pero la verdad juego con los siete, me gusta pasarlos de mano en mano, me gusta contagiar a la gente, empaparlas con ellos, influenciarlas con ellos y tergiversados con mis propios ideales sólo me abre camino para dejar ensaladas de confusión en cabezas ajenas, pero no puedo evitarlo, es parte de mi naturaleza, de la naturaleza que creo mi entorno para que pudiese sobrevivir sumergida en aquellas paredes de lodo repletas de ciudadanos revolcándose y gritando por obra y gracia de sus propios actos, para que pudiese protegerme de aquella angustia que no me correspondía a mi, para que pudiese refugiarme de el cruel mundo fuera de la burbuja transparente que siempre osó envolverme, una burbuja llena de filtraciones, una burbuja que me permitió ver y sentir y que a la par con todo eso, se llevo gran parte de mi vida y emociones, emociones que poco a poco recupero y que no se como manejar, tanto así que son manejables por el resto, que son influenciadas por malos actos y pecados, pecados que después yo misma me encargo de entregar al mundo.

Recuerdos

La naturaleza me traen muchos recuerdos da la infancia que día a día veo más lejana,
Cómo olvidar el potente y suave olor de los jazmines nacidos en el ceno de la primavera, los mismos jazmines nacidos de una enmarañada enredadera ubicada el fondo del jardín, Los mismos jazmines que era obligada a arrancar para quitarle que sea un poco la insipidez al interior hogareño, los mismos jazmines que odiaba cuando pequeña porque representaba una tediosa obligación, los mismos jazmines que hoy, día a día huelo camino a la escuela en una casa que no es mía, de una enredadera que no está en mi jardín y que aún así, añoro oler.

Cómo olvidar el tacto de una mezcla de tierra y piedras con mis pies, aquello siempre represento tardes llenas de libertad en las que podía imaginar mil y un mundos alrededor de las plantas, crear poblados enteros de barro y pasto, gente hecha de semillas y palitos, eso siempre me ayudo a escapar de todo, mi pequeño mundo de tierra.

Cómo olvidar el olor de la ya nombrada tierra, pero esta vez, mojada; amaba pasar horas gastando infinidades de litros de agua sólo para humedecer y regar el jardín, también me gusta aquel olor, más que nada, por recordarme las tardes abrumadoras de verano, en donde la manera más fácil de escapar del calor era con la estela de agua dejada tras pasar un chorro de agua y junto con el, perseguir un borroso arcoiris en espera de que fuese realidad eso de el cántaro de oro al final( gracias a eso, intuyo que los arcoiris son redondos) …aún no logro encontrar algo que se le compare a esa sensación.

Cómo olvidar el olor de la humedad después de la lluvia, siempre que aquel estuviese, significaba que sería un reconfortante día dentro de la casa, un día lleno de mimos para mantener entretenidos.

Cómo olvidar frío que penetraba las paredes de concreto en invierno, es una de las cosas por las que más tengo gusto, mi naturaleza perezosa siempre me a enseñado que donde hay frío, hay una cálida cama esperándote y tal vez, aquella venga acompañada por algún interesante libro.

Son tantas las cosas que no se como diablos olvidar, tantas cosas que, por más que suenen como recuerdos felices, son recuerdos que siempre están de la mano con otros muy dolorosos y angustiantes, de la mano con muertes, golpes, gritos y sufrimiento… creo que por eso siempre he amado el jardín, este era el único lugar donde podía estar segura y dentro de la casa.

Tu Historia de Amor

Ella tuvo la certeza de encontrarse en el lugar correcto y acompañada con la persona correspondiente. Tal vez no eran los mejores amigos, ta vez no se conocían hace tanto, pero eso no fue un impedimento que se complementasen en su aventura, sólo bastaba un vistazo para darse cuenta de toda la complicidad existente en ellos y sus miradas, juntos podían hacer sin decir, juntos podían transformar sencilleces reales en perfectos sueños vividos.
Iban por las calles con un compás sutil y libre, un compás muy propio de ellos, un compás con el cual dejaban como rastro de sus huellas, huellas de confianza y seguridad. Posiblemente, si fuesen otras personas y se hubiesen visto, no habrían logrado reconocerse, no eran más que extraños...sólo que estos, no eran más que unos felices extraños. Se sentían naturales, eran ellos mismos, seres incapaces de mentir a su propia conciencia.
Esto no era otra imagen cursi de esos románticos empedernidos, era más bien el momento de darse oportunidades para sentir y vivir lo que sin querer, posiblemente todos hemos anhelado.
Todo quedaba plasmado en el desmedido deseo de olvidar por un tiempo al cruel mundo y sus desdichas, quedaban plasmados sentimientos de amor puro, sin matiz alguna de superficialidad,
con la sensación de que el cielo ya dejo de ser gris y es más bien de un claro, profundo y sincero color, tal como lo eran los suspiros dejados es su oídos, llenándolos de música.

Con el pasar del tiempo todo se deterioró, el desentendimiento tocó a sus puertas y ellos ingenuos la abrieron sólo dando así, paso a una abrupta ruptura, pero de todos modos se veía venir.
La desesperanza de sus corazones no sólo permitió abrir nuevas llagas en sus desahuciadas almas, sino que también permitieron que el resto de viejas cicatrices se abrieran.
Ningún otro fue como el último, nadie llegaba a ser tan buen cómplice, nadie tomo su lugar de cómplice perfecto, todas las búsquedas fueron completamente en vano.
Por otro lado, la vida entera cambio de su dulce y agradable sabor a una agria amargura.

"Es hora de intentar crecer sin ayuda de un anesteciante contra los dolores de la vida" se decía una y otra vez mentalmente mientras tomaba aquella antigua caja en que guardaba sus recuerdos, guardó nuevamente a aquellos reales y lloro a los que deseaba olvidar.

Sus lágrimas no fueron suficientes para aliviar el dolor, así que termino plasmando sus sentimiento en un papel que luego haría llegar a SU desconocido, ese desconocido que la hizo feliz, que la hizo ignorante al mundo pero inteligente al corazón. En aquella carta jamás expresó una excusa, mas bien sólo describió detalladamente lo que en el pasado junto a el sintió, todo aquello que jamás le contó por miedo a no ser correspondida, para el final, no pide una segunda oportunidad, más bien sólo un último paseo, un paseo con el cual deseaba encontrar una verdad, una fantasía, una realidad, una esperanza o una vil mentira. sumisa y asustadiza, no le quedo más que esperar la respuesta.

El al llegar, se aferra a una de sus manos y comienza a caminar, las palabras no aparecieron, pero a cambio de esas, sólo ve veían como echaban vistazos entre uno y otro, tímidas miradas que hacían que sus manos con mayor fuerza se aferraran.
Tanto fue lo caminado que la noción del tiempo se perdió en el espacio dejando cansancio en aquella dolorida pareja.
Aun de pie, se detuvieron a descansar un tiempo mínimo, y mientras este transcurría, sus miradas se posan en la otra por un infinito momento, y mientras esto ocurría, ambos pudieron observar que sus miradas ya no eran las mismas, pudieron observar que ya no eran el par de jóvenes animosos y con esto comprobaron que el tiempo no pasó jamás en vano.
Pero de algo si estaban seguros, sus ojos cómplices no habían cambiado para nada, hecho que no hizo más que traer una risotada espontanea y sincera, posiblemente la primera después de muchos meses.

Jamás comprendieron de que reían, pero se sentían felices y era lo importante es que por fin se dieron cuenta que manteniendo una actitud jovial e infantil, lograban comprenderse.
Hasta que llego el tan ansiado diálogo...

"Te estuve esperando"- confiesa el extraño
"Yo...yo te estuve olvidando..."- respondió con ojos tristes pero sin apartarlo de SU extraño, quien también obtuvo un semblante similar, y aquella apenada extraña, en su confundido interior sólo logra maldecir el no poder callar sus pensamientos.




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Idea Original: J.F.R.S. , te quiero, y ten por seguro que si quedas paralítica, yo estaré ahí para sujetar uno de los cuatro mangos de tu camilla.